lunes, 20 de septiembre de 2010

Don Juan y sus familias (2da parte)

A partir de allí, estas familias dividieron sus caminos, unidas por un único lazo que de a pocos se fue convirtiendo en ingrato. Don Juan era ese lazo que cada familia quería ver, pero también, el lazo indeseado para no conocer el otro extremo. Elena, sus hijas y sus nietos nunca evitaron alguna visita de Don Juan a casa, ya para esto, todos vivían en la ciudad, Don Juan ya no tenía las tierras de antes, debido a diversas reformas del estado que terminaron con el poderío construido por muchos años. Sumanique ya no era más su fortín, sino más bien se convirtió en un caserío lleno de polvo y desolación, muy retrasado con respecto a los avances que sucedían en la ciudad. Don Juan se volvió viejo y los pocos cabellos ensortijados que le iban quedando se volvían canos. Su segunda familia solo lo veía cuando visitaba a los hijos de María, llevándoles fruta que compraba en el mercadito Carrión. Entonces recibía una pensión estatal despreciable comparada con lo que ganaba tiempo atrás. De todas maneras hacía alcanzar algunas monedas para la propina a sus nietos. De la venta de las tierras que pudo conservar luego de la reforma agraria, fue incapaz de hacerle llegar alguito para Elena y sus hijas. Elena enfermó y así iniciaba un largo y penoso calvario que terminó con su muerte. Don Juan nunca hizo algo por saber de ella ni de brindarle el apoyo que seguramente Elena necesitaba del hombre que amó hasta el final de sus días. Su otra familia no demoró mucho en preparar los papeles necesarios y consumar el nuevo matrimonio, justo después de la muerte de Elena. Poco a poco, Don Juan fue perdiendo presencia y entonces también sufría el pasar de los años sobre su cuerpo. Problemas de irrigación de sangre, dolores musculares y muchos otros achaques más comunes en personas de la tercera edad. Para su familia casi olvidada, don Juan se convirtió solo en un recuerdo. Temiendo olvidarlo por completo, María y sus hijos deciden ir a visitarlo de improviso a la casa donde ahora vivía don Juan. Se toparon con una realidad que no se esperaban y que terminó por deshacer todas las ganas que tenían de restablecer su relación entre las familias. Al preguntar por él cuando una de las cortinas se movió para ver quien tocaba la puerta, su ahora esposa negó que don Juan quiera ver a quienes se encontraban fuera. Solo dijo eso y no apareció más por la ventana con la seguridad de que sería suficiente para que no pregunten más y se marchen. La impotencia de María y de Milagros por no poder ver a su padre, sabiendo que le quedan muy poco tiempo sobre este mundo, colmó de llantos sus hogares con la más profunda de las tristezas. Resignadas a no poder verlo, decidieron construir un caparazón con tanto blindaje que todo lo que hiciera la nueva familia de Don Juan, no las pudiera afectar. Sin embargo una mañana como cualquier otra, Gladis llama por teléfono a María, con un tono de reclamo por no interesarse en la vida de su padre en común. Tanta pena pudo inspirarle a Gladis el estado de Don Juan que quiso que María y su familia vayan a visitarlo, luego del desplante que hicieran a través de su ventana. María accedió y fue con tres de sus hijos y un nieto, el primer bisnieto de Don Juan. Gladis los recibe en la puerta con la mayor hipocresía que pueda caber en el significado de esa palabra, y después de mucho tiempo, se vuelven a encontrar en una sala grande. Don Juan estaba sentado casi en una esquina sobre una silla de plástico donde depositaba el cuerpo cansado del trabajo y la vida. María fue la primera en acercarse a saludar de beso y abrazo a Don Juan. Luego de algunos segundos de reconocerse hasta en la niña de los ojos, su voz se deja escuchar de alegría porque su hija había llegado a visitarlo. Ya no era la voz gruesa y clara de antes, era más bien apagada y fina. María se sentó al costado de su padre para que pueda escucharla cuando le hablara. Ya no escuchaba tan bien, ni tampoco veía bien. Su rostro estaba cansado y muy escuálido. Ya casi no le quedaba cabello. Del porte de galán y seductor, quedaba muy poco, pero llevaba puesto la camisa de tela y pantalón de franela, con la que se mantenía en el recuerdo de María y su familia. Preguntaba mucho y también confundía las respuestas. Ahora su memoria también falla, pero la insistencia de María por hacerle recordar de cada cosa que hablaban parecían tener sus frutos. Al final de la reunión, ya era un Don Juan un poco más lúcido y seguramente con el corazón lleno de alegría. En ningún momento su ahora esposa se acercó a saludar ni nada. Después de esta reunión, quedaron muchos corazones llenos de alegría pero también atrayendo la nostalgia de años atrás donde todo era diferente. Quién sabe si alguno de esta historia hubiese querido que todo haya sido diferente. ¿quién sabe?. Lo que sí se sabe es que Don Juan está vivo y con más de una familia.

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