sábado, 4 de septiembre de 2010

Don Juan y sus familias (1era parte)


Esta es la historia de Don Juan, un viejo hombre de noventaidos años que tuvo más de una familia. En realidad todos, o casi todos, a cierta edad ya sumamos más de una. Cuando niños, tenemos a papá y mamá, y circunstancialmente, hermanos o hermanas, o ambos. Pero para un hombre de tantos años de edad como Don Juan, es lógico pensar que su larga vida no la llevó en solitario. Tan contraria a la soledad fue la vida de este hombre que se encargó de formar dos familias, que son quienes lo verán hasta el último de sus días, al menos supongo que eso espera. Ahora vive con una de ellas, en cercanía de su ahora esposa y de sus dos hijas. A este listado solo faltaría un hijo que radica en España. Precisamente, don Juan vive en la casa de este hijo, a modo de celador de su propiedad. Aunque parezca irónico, es así como don Juan califica su función durante su estancia en dicha morada. Su esposa, una mujer de algunos años menor que él, casi nunca se muestra en público, por lo que solo se escucha hablar de ella. Podríamos describirla como una persona mayor con rostro arrugado y moreno, sendas verrugas y manchas del trajín de lo vivido, ojos muy despiertos con carácter maquiavélico y cejas muy pobladas, y una sonrisa inmutable que invita a preguntarle si se debe a alguna felicidad que compartir o quizás por que viene maquinando alguna maldad entre dientes. Solo faltaba sumarle un sombrero en punta y la escoba para volar, entonces sería toda una bruja como la de los cuentos. Estoy seguro que ella no es así, pero también estoy seguro que la otra familia de don Juan, así la imagina. Sus dos hijas, producto de la relación con su actual esposa son morenas, con cabellos ensortijados y peinados cortos. Una de ellas es una solterona, de aspecto lánguido y venida a menos, seguramente por la falta de un compañero que reviva el espíritu de su juventud y le muestre los placeres que hasta ahora le fueron negados. Su nombre es Gladis y vive al cuidado de sus padres. Siempre de mal humor y con voz intimidante. Ella sí tiene la sonrisita inmutable. La otra hija de Don Juan, con mucha más presencia, cuerpo muy bien cuidado y algo menor que Gladis, lleva por nombre Alicia y es casada con un policía. Alicia y su policía tienen una hija de veintidós años de edad que estudia en la universidad.
Atrás quedaron los días en los que don Juan, con mucha energía y entusiasmo, salía a hacer sus caminatas, recorriendo largos tramos de la ciudad y que no desaprovechaba  para incluir en su trayecto: pasar por el mercadito Carrión y comprar frutos de estación. Y mucho, pero mucho más atrás, quedó toda una vida de campo, no como peón sino como el más grande hacendado. Su familia, en realidad su primera familia, conservaba como patrimonio, unos extensas superficies de tierra del que años después naciera un pueblo hasta ahora llamado Sumanique, ubicado en un valle al norte de la ciudad. Supo adquirir como si lo tuviese en los genes, las habilidades mercantiles necesarias y también de liderazgo, para continuar con el poderoso imperio construido por su familia. Dicen que su padre echaba a solear varias unidades de sacos de tela repletos de dinero, ostentando su poderío. Comprar y vender fue una práctica común en cada uno de sus días soleados en Sumanique, sabiendo conducir a todos los peones de la época, haciéndose respetar con cada decisión, mostrando firmeza, y también permisivo cuando tenía que serlo. Gracias a todo eso, se ganó la admiración de todos. Don Juan era un caballero a carta cabal en los negocios, y sabiendo mucho de lo que ahora se conoce como ética. Con voz de mando, grave y clara, lograba persuadir tanto a su personal como a sus clientes. Sin embargo, su única debilidad eran las mujeres. Don Juan no conoció la soledad y ni tenía interés de conocerla, lo dije antes. En realidad, le decían Don Juan más por sus artes en el amor, que por llevarlo como nombre. La misma voz grave y clara hacía delirar a las mujeres que por entonces eran las más lindas. Mucha galantería y sabe dios que cosas más, eran sus armas para conquistar a alguna mujer, que en muchos casos, eran varias a la vez. Así es que en uno de sus muchos viajes de negocios, conoció a Elena, muy distinguida en sus modales y de gracia innata. Pasó muy poco tiempo y Don Juan embobado por la belleza de Elena, se casaron y formaron su familia, la primera familia formada por el joven y apuesto Don Juan. Con el matrimonio, Elena se volvió quisquillosa y amargada, sin embargo nunca perdía su distinción. Siempre queriéndose verse bien, acudía al estilista más popular del lugar para probar cada semana un peinado nuevo, sino repetir alguno que se haya puesto de moda en otros lares, conducida por la tendencia que marcaba las revistas que el estilista conseguía. Lo último en telas, lo último en maquillaje, los últimos modelos de zapatos, despertaban el interés de Elena, sin embargo no todo le era permitido conseguir. Elena no confundía todo ese interés en su distinción, con su relación con don Juan, en realidad no le pedía ni un centavo para estas chucherías. Tuvieron dos hijas, Milagros y María. Milagros siempre fue regordete pero con mucho carisma, con mucha entrega para hacer las cosas y luchar a favor de lo que cree. Hacía honor a aquella frase que dice que los gorditos siempre son graciosos. María en cambio, muy delgada y con el cabello largo, siempre al cuidado de su figura, soñaba con momentos románticos y siempre tratando de idealizar lo que le faltaba por vivir. Ellas se casaron y le dieron a don Juan cinco nietos, una hija de Milagros y los otros cuatro de María. Se compenetraron tanto los cinco nietos, que ahora son cinco hermanos. Esta fue la unidad con las que fueron educados gracias a las enseñanzas de Elena, así la recuerdan sus hijas. Pero en este hogar, debido al espíritu galante y conquistador de Don Juan, el matrimonio terminó por derrumbarse, luego de muchas discusiones, vajilla quebrada en medio de la sala, orondas bofetadas e injurias incesantes, Don Juan decidió irse de casa y dejar a su esposa Elena y sus dos hijas, sin quitarles el dinero necesario para manutención. Milagros y María sufrieron mucho este desenlace de una relación que ellas habían pensado que a pesar de todos los problemas, duraría para siempre. El carácter de Elena pudo sobrellevar el hogar disminuido y ahogado en lo húmedo que puede ser la tristeza. Mientras Don Juan se alejaba de su familia, ya estaba formando otra familia quienes lo esperarián  con los brazos abiertos. 

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